martes, 21 de febrero de 2017

Asexualidad: me gustas, pero no me atraes sexualmente

Artículo publicado por el Administrador del sitio AUTO COACHING PNL BLOG el 26 octubre de 2016


Hemos descubierto nuevas orientaciones sexuales que distan de la heterosexualidad normativa que se ha impuesto en muchas sociedades durante siglos. Ahora hablamos de homosexualidad, de bisexualidad o de pansexualidad con naturalidad, especialmente las generaciones más jóvenes. Poco a poco está empezando a calar la idea de que la diversidad es libertad y enriquecimiento, algo que anima a que cada uno definamos de forma particular nuestra propia orientación sexual.

La orientación sexual, englobaría a la atracción sexual, erótica, emocional o amorosa hacia un determinado grupo de personas definidas por su sexo. Si nos quedamos en exclusiva con la parte de atracción, encontramos a un grupo de personas que se están empezando a identificar como grupo. Hablamos de la asexualidad, o lo que es lo mismo, de personas que no sienten esta atracción sexual hacia nadie, lo que no implica que en otros aspectos no les pueda gustar una persona o se puedan llegar a enamorar.


“Imagina cómo se puede sentir un adolescente
que no siente la necesidad de experimentar sexualmente con nadie y que, además,
cree que tiene que encajar en alguna de las orientaciones sexuales conocidas”
-Lucía, autora de “Diario de una asexual”-



La asexualidad no es una consecuencia

Si entendemos esta ausencia total de atracción como una anormalidad, intentaremos responder a una pregunta: ¿por qué se ha producido? Podemos pensar que quizás hayan vivido una mala experiencia: un condicionamiento tan fuerte que cualquier idea relacionada con el sexo les genera rechazo.

Tras estas experiencias, la persona, en su necesidad de protegerse, deja de tener ese impulso sexual hacia los demás. Pero, esto no es la asexualidad. Pensar en justificar esta realidad de esta manera significa desvirtuarla y estar lejos de entenderla. Recordemos que la asexualidad refleja una falta de interés por el sexo, no miedo o aversión por el mismo. Simplemente parece que es una actividad que no les llama la atención, igual que a ti no te llaman la atención otras muchas.

Ellos no se sienten motivados por mantener relaciones sexuales de ningún tipo con nadie. ¿Tendrá esto algo que ver con la religión? ¿Con una determinada cultura? De nuevo, reiteramos nuestra negativa. Simplemente, es una forma de vivir y ver las relaciones de forma diferente a como las entiende la mayoría.


“Me torturé durante muchos años tratando de buscar
a alguien que me despertase ese deseo y no
me importaba que fuese hombre o mujer.
Después de años y de muchas experiencias fallidas,
decidí aceptarme como soy. Poco después,descubrí en Internet
la asexualidad y, justo ese día, acabaron mis conflictos”
-Lucía, autora de “Diario de una asexual”-


Las relaciones de pareja

Es importante que brindemos un apartado al tan conocido mundo de la pareja. Cuando hablamos de una persona que es asexual, que no siente ese impulso erótico hacia los demás, ¿tienen facilidades para encontrar pareja? Lo cierto es que no tienen ningún problema.

Las personas asexuales pueden enamorarse. Viven el amor romántico. Les gustan los abrazos, los besos. Quieren sentir esa conexión con la otra persona, no obstante no tienen ningún deseo "carnal". Pueden vivir en pareja sin problema. Aunque, es necesario mencionar que también hay personas asexuales que se declaran arrománticos.

Lo habitual es que las personas asexuales busquen pareja afines. Aún así, ¿qué ocurre si se enamoran de alguien diferente a ellas? No pasa nada. Los asexuales no rechazan el sexo. Simplemente no se encuentran atraídos por las personas en ese sentido. Si a ti no te apetece una manzana, ni siquiera piensas en ella, ¿te la comerías? Puedes hacerlo, por complacer a quien te insiste en que será bueno para ti, pero no tendrías un interés genuino por ella. Esto es lo mismo.

Hemos mencionado que los asexuales no sienten ningún tipo de interés sexual hacia los demás, pero esto no significa que no tengan sexualidad o que no disfruten de ella. Las personas asexuales pueden llegar a masturbarse. Una cosa es el impulso sexual y otra que alguien “te ponga”. Sin embargo, no llegan a disfrutar del sexo como lo pueden hacer las personas que no se encuadran dentro de la asexualidad. Para ellas un orgasmo dista de ser lo mejor del mundo.


“La idea de que tú puedes mirar o conocer a una persona
y sentirte sexualmente atraída por ella es algo que
un montón de gente experimenta y está bien, pero a mí no me ocurre”
-Evie, poliamorosa y asexual-


En España se fundó la primera asociación de asexuales, Asexual Community España (ACE), con el gran cometido de dar visibilidad a esta “no orientación sexual” con la que algunas personas pueden sentirse identificadas. Porque el amor y el sexo no tienen por qué ir siempre de la mano y este sólo es un ejemplo de ello.

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Saludos desde Argentina

lunes, 13 de febrero de 2017

Asexuales ¿La cuarta orientación sexual?

Hoy les traigo un artículo publicado por Barbara Ayuso en el diario EL PAIS de Madrid el 2 octubre de 2016




La pajarita de Rafael es más que una cuestión estética. Sus colores (gris, negro, blanco y morado) simbolizan quién es, y lanzan un mensaje claro: soy asexual. No célibe, ni casto, ni inmaduro, ni impotente. Tampoco inexperto o traumatizado. Simplemente, no experimenta atracción sexual. Algo que, según los estudios llevados a cabo por el sexólogo Anthony F. Bogaert, le ocurre a un 1% de la población, unas 70 millones de personas en todo el mundo.

Al principio, eran una incógnita dentro de la ecuación del deseo. El pionero informe Kinsey los definió como "X" en su escala, porque sentían nula atracción hacia hombres y mujeres. Los colores que ahora enarbolan para visibilizarse, homenajean el trabajo del sexólogo: "Cada uno simboliza una de las opciones y el morado, la comunidad", explica Rafael. Él, astrofísico de 27 años, también fue una incógnita para sí mismo. En la adolescencia se sabía diferente al resto, porque no atravesó el clásico despertar sexual. No le interesaban los chicos ni las chicas. Murmuraban que era "rarito" u homosexual, pero no le preocupaba en exceso. "En el colegio sufrí bullying, así que cuando llegué al instituto me daba igual lo que me dijeran", aclara.

Google le puso nombre a lo que le ocurría: era asexual. "No fue un descubrimiento traumático, simplemente supe que era algo perfectamente normal que le ocurría a mucha más gente", dice. "Cuando estoy en la discoteca y el resto ven a alguien atractivo, dicen eso de 'yo me acostaría con él o ella'. A mí no me pasa, puedo decir que es atractivo, o guapo o simpático, y que me gustaría estar con ella con sofá, peli y manta. Pero no me sale el 'melofo' ese", aclara.

También descubrió que existía una amplia comunidad virtual de asexuales, Asexuality Visibility and Education Network (AVEN) y su filial para hispanoablantes, AVENes, que compartían experiencias y vivencias de una orientación poco conocida y muy proclive a falsos mitos. "Te sientes muy alienígena, porque no puedes empatizar con los demás. Sientes que tienes que fingir o aparentar para encajar", cuenta Marcia, una chica asexual amiga de Rafael. Aunque estudiaban en la misma universidad, ambos entraron en contacto por uno de sus foros, hablando sobre Naoko, un personaje de la novela Tokio Blues de Haruki Murakami. "Es un retrato 200% realista. Ella se echa la culpa de no poder tener sexo con su novio, e incluso intenta tener una relación con una chica, y tiene episodios de sexo no claramente consentido... es una asexual de libro", dice Marcia.
Asexual no significa "nada de sexo"

Ambos han tenido relaciones de pareja, pero ninguna satisfactoria. "Yo solo tuve una, y no hubo relaciones sexuales pero tampoco fue un problema, porque aunque no lo supiera creo que la otra persona también era asexual. Así que yo nunca me he sentido forzado en ese sentido, he tenido suerte", explica Rafa. Para ella, la situación fue diferente. En su segunda relación ya ponía nombre a lo que le ocurría, y su novio se esforzó por entenderlo y respetarla: "Pero aún así, sientes una presión social muy grande, por parte de la familia, del entorno.. cosas que potencian que cualquier momento en el que se ponga especialmente pesado, cedas, porque sientes que eres una mala pareja o que tu amor vale menos si es incompleto", asegura. Otros casos, como el del antropólogo Javier León, autor del libro Asexualidad: ¿se puede vivir sin sexo?, evidencian que la vida de pareja y la asexualidad son perfectamente compatibles.




Ellos ejemplifican lo heterogéneo del colectivo, al que es un error encapsular en unas tendencias delimitadas. Hablamos de un espectro amplio que incluye una infinidad de variantes que empiezan por separar dos conceptos que social e históricamente están ligados: la atracción sexual y la romántica. Para ellos, no lo están. Pueden, como Marcia, no tener interés sexual y sí romántico en sus relaciones (alorrománticos) o experimentar atracción sexual solamente cuando hay un lazo emocional (demisexuales). Un glosario complejo, que suele ser pasto de reduccionismos. "Se admite que puede haber gente desinteresada en el sexo. Lo que ocurre es que se simplifica el no sentir atracción sexual y se equipara a un comportamiento no sexual y de ahí una vida de monje", aclara Marta Torca, activista de la asociación.

Muchos asexuales, de hecho, mantienen relaciones habitualmente. Bien por complacer a su pareja, por procrear o porque, en determinadas situaciones, sí que llegan a sentir deseo esporádico (los grisexuales). Y pueden disfrutar del sexo. "Además, ahí entran en juego lo que consideremos relaciones sexuales, porque no todo se reduce al coito", precisa Rafa. La masturbación tampoco es ningún tabú: "A veces puedes hacerlo por una necesidad fisiológica, pero no evocas a una persona ni a una situación", explica. Marcia añade una metáfora: "Una vez alguien lo definió como cuando tienes muchas ganas de comer, pero vas a la nevera y al abrirlo ves que no te gusta nada. Algo así", dice. Son conscientes de que la batalla de la comprensión se presenta larga: "La asexualidad es muy diversa y hacer llegar esa diversidad va a costar. Hacer entender que una persona puede tener relaciones sexuales, pareja que sí sienta atracción sexual, masturbarse, tener impulso sexual (diferente de atracción) y aún así seguir siendo asexual", apunta Torca.



Activismo y visibilización


Hace un año, la comunidad virtual empezó también a organizar quedadas presenciales. Pero Marcia y Rafa detectaron una falla importante, aunque solo parezca un matiz: "Se convocaba a gente con asexualidad, no a asexuales. Como si fuera un problema o algo que padeces", recuerda ella, dibujando en el aire las tres letras de la preposición. Ese fue el germen de la asociación que fundaron en febrero de 2016, la primera de España: Asexual Community España (ACE), enfocados a la visibilización y el activismo del colectivo. Pretenden luchar, entre otras cosas, contra esa preposición maldita. Y contra los tratamientos que tratan de corregir su condición: "Algunos sexólogos llegan a recomendar que te fuerces a ti mismo a tener sexo para curarte", apunta Marcia.

En 2013, la asexualidad dejó de ser considerada trastorno por el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV), pero según denuncian, siguen existiendo profesionales que lo prescriben como patología. Y ponen ejemplos: "Hace poco una unión de sexólogos publicó un artículo afirmando que los asexuales teníamos un error de concepto, y un trastorno larvado en la infancia. Incluso nos han comparado con estrellas de mar", dice Marcia. Ellos apelan a estudios como el de la sexóloga Lori Brotto o Bogaert, que desmitifican una de las ideas más extendidas. La que sostiene que la asexualidad está motivada por algún trauma.

Algo que también detectan en el ámbito social. Los asexuales se sienten continuamente cuestionados, porque la incredulidad es la reacción dominante cuando confiesan que no experimentan atracción sexual: "Eso no puede ser", "es que no has tenido una buena experiencia", "no has conocido a la persona adecuada", "¿no serás homosexual?", "¿te has mirado las hormonas? Igual es un problema de líbido", son las preguntas que les desgastan a diario.



Por eso acogen con agrado iniciativas como la del anuncio de colchones Flex, que trataba de ahuyentar ciertos tópicos que arrostran los asexuales, como que sufren aversión al sexo. Además, la campaña ayudó a acercar la realidad a mucha gente que, por cuestiones generacionales, no formaba parte de la comunidad virtual y desconocía incluso el concepto: "Nos ha escrito una mujer de 50 años que conoció la asexualidad por eso, y se sintió identificada. Nunca le había puesto nombre, y lleva toda una vida forzando el deseo, con hijos y marido, pero sin entenderse a sí misma. Es una vivencia que si la vives en soledad, puede llegar a ser alienante", dice Marcia.

En una sociedad hipersexualizada, afirman que los hombres se llevan la peor parte, aunque tampoco es sencillo para las mujeres: "La idea de la masculinidad está muy asociada con el sexo, el que no lo tiene parece que es menos hombre. Una chica puede quitarse a un plasta de encima y sale aplaudida porque está ejerciendo su libertad a decir no. Pero si una chica guapa se insinúa a un chico, le dice que no y al momento es maricón y tiene que aguantar bromas y pullas", explica Marta Torca. El propio Rafa afirma vivir situaciones muy similares: "A una chica particularmente insistente, le tuve que decir que se iba a ir con el calentón a casa", recuerda.

Además de liberar de estigmas al colectivo, su agenda política es más ambiciosa: buscan ser reconocidos como la cuarta orientación. "Consideramos la asexualidad como una orientación sexual equiparable a homosexualidad, bisexualidad o heterosexualidad. Es una idea que ya viene del año 1979, con el modelo de Storms", dice Torca. Estiman que si no se abre el marco de la diversidad sexual, siempre estarán al margen. Marcia vuelve a echar mano de las metáforas: "Si tú eres calvo y te preguntan tu color de pelo, puedes decir: soy calvo como color de pelo, o es que no tengo pelo. Lo mismo ocurre con la orientación, que tiene que reconocerse. Nos gustaría que existiese como opción: porque si eres calvo no eres ni pelirrojo ni moreno ni rubio. Eres calvo". Los asexuales ya no son ninguna "X", pero aún tienen incógnitas que despejar.

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Saludos desde Argentina

martes, 31 de enero de 2017

Asexualidad: ¿es posible no sentir atracción sexual por otra persona?

Artículo publicado por Daril de la Nuez en el sitio web Vix (no se aclara la fecha)


Para nadie es un secreto lo complejo que resulta el universo del comportamiento sexual de nuestra especie, donde prácticamente todo lo que podamos imaginar, tanto en sentido positivo como negativo (lo cual valoramos muchas veces en dependencia de nuestra herencia cultural), es posible.

Uno de los temas de los que más se estudia, se debate o se polemiza es sin dudas el de la orientación sexual, donde la homosexualidad y la bisexualidad se lleven quizás la mayor parte de las discusiones, pero donde otras variantes no menos apasionantes e importantes tienen también su espacio reservado. Hoy vamos a conocer un poco más de una de estas variantes de la sexualidad humana, la asexualidad.


Apuntes sobre el comportamiento asexual

Los estudios de la asexualidad humana pueden ser considerados relativamente recientes. Hasta los años '70, el término de asexual se le aplicaba por lo general a las personas que, por alguna razón, presentaban una malformación genital que impedía la consumación del acto sexual. Hoy en día, existe un consenso general de que una persona asexual es aquella que no siente atracción sexual hacia ninguna otra, aunque esté físicamente capacitada para ello, lo cual según algunos estudios, es aplicable a alrededor del 5% de la población mundial.

Aunque las investigaciones sobre este tema son ciertamente insuficientes y existen muchas contradicciones sobre su origen, algunos han afirmado que sus causas están muy relacionadas con particularidades de origen endocrino, mientras que otros señalan una predisposición genética causada por la ausencia de los componentes libidinales que llevan a la persona a sentir el deseo sexual. Sin embargo, no son pocos los que aseguran que su origen es absolutamente psicológico, sin que se defina de ninguna manera como una enfermedad o un trastorno.


Variantes de la asexualidad

Existe un riquísimo universo por parte de las personas asexuales de entender las relaciones, la excitación y la atracción física hacia los demás. Así, podemos encontrar personas que encuentran su satisfacción estando solas y en su propia intimidad, mientras que otras lo hacen rodeándose del afecto de muchos amigos y el apoyo emocional que su afecto representa.

Muchos otros sí gustan de establecer relaciones amorosas e incluso gustan de tener una pareja estable con la que compartir la vida desde un punto de vista romántico, sin que medie en estos casos el deseo sexual. Esto ha llevado a la definición de términos como “homorrománticos”, “birrománticos” o “heterorrománticos”, en dependencia del o los géneros por el que sientan este deseo.


La asexualidad en la sociedad moderna

Seguramente estarás de acuerdo conmigo en que vivimos en una sociedad moderna hipersexualizada, donde tal pareciera que casi todo gira alrededor del sexo y donde la edad para comenzar a tener relaciones sexuales es cada vez más temprana. Esto muchas veces conlleva una fuerte contradicción y supone una presión social y psicológica para muchas personas asexuales, sobre todo los adolescentes que suelen sentirse marginados en los grupos, donde muchas veces tener relaciones sexuales es parte esencial para la aceptación en los mismos, si bien afortunadamente no siempre es así.

Por otro lado, también es complicado en aquellos que sí gustan de tener una pareja, pues es difícil mantener una relación estable con otra persona que no es asexual. En estos casos, la solución está en tener sexo sin placer, solo con el ánimo de complacer a la pareja, lo cual no siempre resulta efectivo como podrás imaginar, o permitir a la pareja tener relaciones sexuales con un tercer individuo, lo cual requiere obviamente de un consenso y una gran madurez.

En cualquier caso, las personas asexuales son tan normales como las que no lo son y como tal merecen todo el respeto de la sociedad, que debe luchar contra cualquier tipo de discriminación hacia esta o cualquier orientación sexual.

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Saludos desde Argentina

lunes, 23 de enero de 2017

Asexualidad: la orientación invisibilizada

Bueno, hace unos días una amiga me preguntó sobre el blog porque dijo que no encontraba mucha información sobre Asexualidad en español... lo cual hizo que recordara lo abandonado que tengo este sitio, y me sentí culpable.
Así que para intentar volver al ritmo, les traigo un video publicado el 27 diciembre del 2016, es parte de una conferencia en el "XIII Congreso Español de Sexología" y el "VII Encuentro Iberoamericano de Profesionales de la Sexología" que dio Martina González Veiga, una psicóloga sanitaria y sexóloga, fundadora del centro de sexología "Con Mucho Gusto"









Algunos links por si les interesa:

- www.martinagonzalezveiga.com
- www.conmuchogustosexología.com (página en construcción)


Saludos desde Argentina!

martes, 26 de julio de 2016

Siglo XXI: el final del sexo obligatorio

Artículo publicado por Miguel Vagalume en Pikara Magazine el 08 de Julio de 2016

Se nos aseguró que la vida sexual activa era un indicador de salud, que nos insistió en cuál era la frecuencia correcta y se nos animó a experimentar al máximo. Pero se nos siguió vendiendo un modelo único de “sexo normal” que llevaba a mantener tabúes y culpas. ¿Qué nueva revolución sexual necesitamos ahora?


El siglo XX es llamado a menudo el “siglo del sexo”. Aunque los cambios culturales son mucho más sutiles y complejos, se podría poner la fecha de inicio del “siglo del sexo” en 1905. Ese año se plasma por primera vez en un texto qué es el sexo “normal”. Lo hace Freud en ‘Tres Ensayos sobre una Teoría sexual': “La unión de los genitales es considerada la meta sexual normal en el acto que se designa como coito y que lleva al alivio de la tensión sexual y a la extinción temporaria de la pulsión sexual (satisfacción análoga a la saciedad en el caso del hambre)”, escribió Freud. Fuera de esa unión de genitales (una vagina y un pene, por supuesto), todo era perversión: “El uso de la boca como órgano sexual es considerado perversión”, decía unas líneas más abajo.

En Europa, durante el siglo XX, el sexo —un sexo muy concreto, no degenerado— pasó a ser algo central en nuestra vida, algo necesario para ser feliz, para realizarse. Ya no es suficiente dejarlo escondido en el cajón y no prestarle atención, como tuvieron que hacer muchas de nuestras abuelas y una larga historia de mujeres y personas con gustos poco convencionales de las que nunca se supo qué les gustaba y qué no.

Ese interés devino en la primera revolución sexual del siglo. Wilhelm Reich convirtiendo el orgasmo en fundamental, Hirschfeld y la reforma sexual en lo público y lo privado, la libertad de las noches berlinesa y parisina, el travestismo (se inventa el término), la transexualidad (Lili Elbe), luchas por los derechos para las personas homosexuales, los debates sobre la educación sexual… Todo parecía posible hasta que llegó el fascismo a Europa de la mano del catolicismo.

Eso, junto con otros factores, hizo que toda esa libertad emigrara a EEUU y que en los años 60 y 70 volviese a darse otra “liberación sexual” para las mujeres (la “píldora”), para gais, lesbianas, transexuales (la comunidad leather, Stonewall) y para heterosexuales (aunque parezca increíble hoy día, se convirtieron en aceptables las relaciones “prematrimoniales”). Se buscaba la experimentación y la transgresión (orgías, tríos, comunas, orgamos simultáneos…) y se popularizó la idea de abrir “las puertas de la percepción “ (Aldous Huxley, alucinógenos…).

Todo ese recorrido, que se suele relatar, a modo bíblico, como un camino de liberación hacia un paraíso final, en realidad ha ido dejando al mismo tiempo un montón de asuntos sin resolver que se han ido acumulando. La salvación nacida de su propia condena.


La patologización de la frecuencia

El sexo se convierte en central de mano de la psiquiatría. Freud identifica la sexualidad con un inconsciente que hay que “desvelar”, descifrar, descubrir qué se oculta detrás del deseo… y hoy en día seguimos viéndolo igual. Se sigue pensando que detrás de un deseo erótico masoquista, detrás de la elección del trabajo sexual, que detrás de cualquier práctica poco convencional, siempre hay algún problema que resolver. 

Krafft-Ebing, otro psiquiatra, había creado la lista de perversiones que hasta hace tres años ha seguido en los manuales de psiquiatría (y la OMS las sigue incluyendo en su lista de enfermedades). La diversidad del deseo condenada a ser vista como una enfermedad. Aunque se tolera a gais, lesbianas, transexuales, bisexuales, se les/nos sigue viendo como excepciones frente a la normalidad. Con el fascismo esa diversidad se convierte en delito. En España hasta hace poco tiempo, el 28 de diciembre de 1978. No ha sido un camino fácil.

Wilhelm Reich, discípulo de Freud, es el primero en convertir, en 1927, el orgasmo en indicador de salud mental. Y a eso se une, en los 60, el establecimiento de un nuevo sexo “normal”: el estadísticamente normal, el que hace la mayoría. Pero ¿cómo se puede medir estadísticamente? Por la frecuencia: cuántos orgasmos, cuántas cópulas, cuántas experiencias homosexuales, cuántas parejas sexuales. Y eso hace que la normalidad sea una determinada frecuencia por debajo o encima de la cual nos estamos saliendo de la norma. Y ahí seguimos, entendiendo que salirse de la media indica que se tiene un problema: por encima de un determinado número de veces es adicción, que por debajo es “deseo hipoactivo”.

La frecuencia unida a un nuevo“modelo recreativo” en esas mismas décadas lleva a que la experimentación se convierta en algo deseado socialmente: ¿Cuánta gente ha tenido experiencias sexuales desde entonces sólo por evitar que ser considerada “anticuada”? ¿Cuántas veces se ha ido contra el propio deseo para agradar, para cubrir las expectativas del grupo, de nuestras amistades, de una nueva pareja? Quizá nos hemos maltratado más de lo que hacía falta…


Asuntos sin resolver

Y así llegamos a los años 80 con un montón de asuntos sin resolver. Se seguía creyendo que en la vejez desaparece la actividad sexual. Se seguía creyendo que hay identidades, prácticas y sexualidades alternativas… porque hay una “normal”. Se seguía pensando en la masturbación como una experiencia sexual de segunda categoría. Se seguía considerando mejor tener “mucho de todo” (orgasmos, experiencias, tríos, orgías, etc.). Se seguía provocando unos problemas inmensos intentando encajar en los estrechos moldes de ser hombre o de ser mujer, sin más opciones. Se seguía pensado que una mujer que habla abiertamente de su deseo era algo extraño. Se seguía pensando en la obligatoriedad del orgasmo. Se seguía sin conocer bien, en detalle, los genitales propios y ajenos. ¿Cuántas de esas creencias siguen ahí desde los 80, desde hace casi 40 años?

Como si los asuntos no resueltos en nuestra sexualidad durante el siglo XX no fueran suficientes, en los 80 comienza el tsunami conservador en el que todavía seguimos. Se arrasa poco a poco con la educación sexual (la LOMCE ha conseguido eliminarla en un 100% en nuestro país), que ya se había limitado a “la charla del condón”, como si todo el alumnado fuera heterosexual, como si la sexualidad se redujese al “acto sexual normal” que había descrito Freud.

Desaparece la educación y lo único que queda en su lugar es el porno, algo tan fácil de criticar. El porno no ha hecho más que recoger lo que se habla en la calle desde mucho antes de que estuviese disponible 24 horas al día en internet: que todo el mundo folla durante horas, todos los días, con unos orgasmos inmensos. Ese —falso— listón que está colocado tan alto y al que nadie llega. Pero es que no queremos ser felices, queremos ser normales. Y se nos ofrece un único modelo.

Al mismo tiempo, el tsunami neoliberal y conservador nos ha hecho interiorizar la idea de que lo que nos pasa en nuestra vida es solo nuestra responsabilidad. Que si no conseguimos tener una vida sexual satisfactoria es algo que debemos solucionar, como si estuviese en nuestra mano tener más tiempo, tener menos trabajo, tener menos estrés, buscar nuestra propia educación sexual, resolver todas nuestras dudas… La idea de que todo el mundo tiene que ser perfecto al llegar a la cama y no importarle demasiado lo que suceda, que no haya demasiado drama, supone llegar a la cama con todas las prevenciones puestas… antes de elegir una pareja en la que depositamos todas nuestras expectativas.


¿El siglo de los amores?

Y así, década tras década, nos encontramos sin saber muy bien cómo resolver las complicaciones normales de todo el mundo… Seguimos creyendo que las complicaciones con las erecciones o para llegar al orgasmo de una manera concreta son extraordinariamente raras. Parece increíble que hayamos pasado por el “siglo del sexo” y que cientos de preguntas, a las que ya se les ha dado respuesta, se hayan mantenido igual de opacas un siglo más tarde, quizá gracias a una nula educación sexual y a la omnipresencia y peso simbólico de un único modelo de “sexualidad”.

Podría ilustrarse este proceso con el cambio que ha sufrido una tienda erótica de la calle Montera en Madrid: ha sustituido el nombre “sexshop” por “loveshop”. Habiéndose complicado todo “lo sexual” de semejante manera… ¿será el siglo XXI el siglo de los amores? Los amores frente al amor idealizado y reproductivo. Amores de muchos tipos, monógamos y no monógamos, con mil opciones abiertas a todas las identidades y prácticas, un afecto que no signifique necesariamente sentir atracción sexual, sin obligación de que haya que cumplir con una frecuencia de relaciones sexuales, sin que sea obligatorio tener un orgasmo.

Optar por el afecto quizá sea la respuesta a la insistencia durante un siglo en el que, al principio, se aseguró que una vida sexual activa —como si fuese una batería cargada— nos aseguraba la salud. Después se pasó a insistir en que nos haría felices si la practicábamos con una frecuencia “correcta”. Y se terminó diciendo que lo más deseable era tener todas las experiencias sexuales posibles. A la pregunta tantas veces repetida de si es posible el sexo sin amor, se ha terminado contestando que lo que también es posible es el amor sin sexo.

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Espero les haya gustado.
Saludos desde Argentina!