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jueves, 25 de enero de 2018

El sexo puede ser aburrido y no pasa nada



Artículo escrito por Comepacmans, Madrid, publicado en Avenitas el 15 de enero de 2018.


No sé qué me pasó. No sé si fue que esperaba ver los fuegos artificiales que veía cuando jugaba al Sims de pequeño o que simplemente no estuve realmente hecho nunca para los placeres de la carne. El caso es que me aburro follando. Y voy a usar follar porque no creo haber hecho el amor nunca. Y acostarse tampoco vale cuando no estábamos en una cama.

Esta entrada será para recopilar un poco mis pensamientos acerca de esta cosa curiosa de meterse entre sábanas desnudas con una persona o varias, pensando que vais a daros el postre más dulce del mundo entre gemidos y algún que otro arañazo. Es mi experiencia personal y que cada uno luego piense en lo que ha vivido.



Este tren de pensamiento arranca el día que notando unas nalgas estrellándose contra mi abdomen mientras escucho placer de una compañía pienso ¿qué me puedo hacer cena? Me quedan un par de pizzas pero no sé cuándo me caduca el pollo. ¿Inapropiado? Puede. De todas formas nunca fui descortés y siempre, cuando me he metido en algún tipo de faena he cumplido y llegado hasta el final. Que no nos quiten el ser amables, por favor. El caso es que desde ese momento y en adelante, siendo el monstruo paranoico siempre-pensante que soy, no he parado de experimentar, probar y encontrar sólo para darme de bruces contra una pared de insensibilidad. Ni el sexo cariñoso ni el sexo duro, ni el que consiste en hacer daño ni el que consiste en cerrar los ojos. Ni con mordiscos ni con besos. Ni vaginas ni penes. Ni barbas ni pintalabios. Ni con mamadas ni con coños mojados. El sexo me aburre.
Y me aburre físicamente. Sí, siento placer. Y, claro, me corro. Me canso y siento la adrenalina por todo mi sistema circulatorio. Si me muerden un pezón voy a retorcerme y si me acarician la línea de la espalda me recorrerá un escalofrío. Pero no podré evitar verme desde fuera queriendo decirme:
–¿Qué carajo estás haciendo?
Porque sienta el impulsante deseo de sentarme con la persona que ahora se encuentra gritando entre mis brazos para que me cuente qué sueños tenía cuando aún le daba miedo la oscuridad o, mejor aún, cuál es su cuento favorito, ¿y por qué ese y no otro?

Tampoco me veas como un extraterrestre. Algunas de mis mejores memorias están en darme cabezazos contra las paredes de un ascensor bailando entre los besos y abrazos de alguien que me quiere hacer sonreír. También en las noches en vela, estando horas y horas, desnudos y juntos, cansados y honestos, hablando de quiénes fuimos y de cuál estrella pudimos haber venido. Hubo una noche que la pasamos rascándonos la espalda y cantándonos canciones de Disney al oído.

Porque si hay algo que saco en claro del sexo son las miradas. Las miradas de estar completamente a merced de los deseos de alguien. Sé que durante, antes y, sobre todo, después del sexo escucharé palabras que nadie más, jamás, ha escuchado en toda la historia de la humanidad porque estarán hechas de las entrañas de esa persona que se retuerce entre las almohadas y la oscuridad de una habitación desordenada. Eso me maravilla. Tanto como los pequeños gestos que alguien no tiene fuerzas de evitar, las rarezas peculiares de cada uno que en momentos tan intensos no son capaces de esconder, pequeños detalles que los definen y te hacen quererlos, quererlos porque acabas de ver algo tan precioso que no te lo crees.
Esas cosas me apasionan.
Supongo que por eso sigo intentando explorar cuerpos, historias y sueños privados. Aunque tenga que tramitar un polvo. Soy un astronauta que le gusta dar los primeros pasos en la Luna pero enseguida quiere ver cómo se siente pisar en Marte. Se me da mal quedarme, se me da mal recrearme, se me da mal disfrutar de que es la vigésima cuarta vez que su culo se estrella contra mí y de que sus gemidos son cada vez más fuertes.
Me quedo contemplativo, mientras todo se mueve a cámara lenta y mi mente se convierte poco a poco en ruido estático de una de esas televisiones de antes.

No. No creo que disfrute besarte, no creo que disfrute morderte ni creo que disfrute follarte. Sobre todo eso último. Aunque sí voy a disfrutar cada una de las sonrisas que sea capaz de sacarte, tanto como todas las veces que te haga temblar. Voy a querer recorrer la carretera que tu columna dibuja en tu espalda como un conductor borracho, voy a querer ver qué brillos desprende tu mirada cuando soy capaz de sorprenderte y voy a querer saber a qué saben tus dedos cuando bailan con los míos como si fuesen su propia fiesta lejos de los nerviosos cuerpos.

Y es que no hay realidades cerradas, blancos y negros, todo es una maraña de sin sentidos. Más cuando lo que intentamos ver es un baile bailado a oscuras y entre edredones y sábanas mal puestas. Tampoco sé si quiero disfrutar esto tanto como tantas otras personas lo hacen.

En parte y en secreto y en bajito te digo que me gusta que el mayor placer que me dé meterme en una cama contigo vaya a ser cómo me miras. Cómo tus ojos han sido capaces de encontrarme o cómo tus brazos han podido sostenerme sin que este pájaro nervioso que se ha atrevido a bailar contigo se escape por la ventana.
Lo siento si no soy capaz de gemir, lo siento si mi orgasmo es algo que sólo aparece en los libros de mitos y leyendas, lo siento si voy a estar más centrado en mimarte que en ponerte y lo siento si alguna vez me ves con la cara que ponía Amélie.
Aunque juguemos al mismo juego cada uno tiene unas reglas diferentes y lo que nos va a importar al final es que nos lo pasemos bien.

El sexo me aburre. Tú no.


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Saludos desde Argentina

martes, 4 de julio de 2017

Soy asexual


Publicado en Revista Paula el día Sábado 1 de julio de 2017. Escrito por Bárbara Riedemann


No tienen pulsión sexual, nunca. No quieren tocar ni ser tocados. Y están bien así. El 1% de la población es asexual. Hoy se sabe que son la cuarta orientación. Y quieren reivindicarse como tales, a través de diversas agrupaciones. En Chile, de hecho, ya existe una comunidad en Facebook de asexuales locales que tiene 500 miembros.




Mariela Ordóñez tiene 27 años, es ingeniera civil. Tiene el pelo castaño y largo, luce muy femenina y ejecutiva con sus tacos y traje dos pizas; viene saliendo de su trabajo. Tomándose un café cortado, dice: “Soy asexual. Nunca me interesó alguien de manera sexual y nunca me va a interesar tampoco. Lo sé, desde siempre. Es una certeza interior tan profunda que ni siquiera me la cuestiono”.

Llegar a entender que eso que sentía se llamaba asexualidad fue un largo camino. Pasó gran parte de su vida preguntándose qué estaba mal con ella. “En el colegio a mis compañeras se les revolucionaban las hormonas con los niños y a otras con las niñas. Y a mí no me pasaba nada con nadie. Viví cuestionándome, pensando que tenía un problema. Durante toda mi etapa escolar sentí que no pertenecía, que no encajaba con el resto. ¿Por qué nunca me gustaba nadie?”.

Cuenta que llegó a mentirles a sus amigas, a decirles que le gustaba tal o cual niño, a inventar pololos ficticios en el sur donde veraneaba y a comprarse cuadernos de los Backstreet Boys para que pensaran que le gustaba uno de sus integrantes. “Lo pasaba bien en las fiestas con mis amigas, pero siempre terminaba sentada sola, mirando al resto bailar lentos mientras se daban besos y a mí me parecía algo asqueroso”, comenta.

A medida que Mariela crecía, la presión de su entorno aumentó. “¿Cuándo nos vas a presentar un pololo?”, le preguntaban sus amigas y sus padres.

Deambuló buscando una respuesta. Y la encontró un día antes de cumplir 17 años buceando en internet. “Googleé: ‘persona que no se siente atraída ni por hombres ni por mujeres’ y apareció de inmediato la palabra ‘asexual’, que jamás había escuchado antes. Todo lo que allí salía fue una revelación, como si alguien que no conoces te dijera cosas que solo tú sabes sobre ti misma. En ese instante, la asexualidad comenzó a hacerme sentido de una forma en que la sexualidad jamás lo hizo”, dice. Y agrega: “Fue un alivio encontrar que, como yo, había otras personas que experimentaban lo mismo. No estaba sola y, lo más importante, no estaba enferma, como creí durante mucho tiempo. No quería llegar a mis 17 sin saber qué me pasaba”.

Tras meses de leer páginas web y participar en foros internacionales, Mariela reunió el valor para contárselo a sus padres. “Fue literalmente como salir del clóset”, dice.

Su mamá reaccionó llevándola al sicólogo. “En lugar de apoyarme, pensó que necesitaba terapia. Igual la entiendo porque ella jamás había escuchado hablar de la asexualidad”.

Mariela recuerda ese día en la consulta con el sicólogo. Tras escucharla y guardar silencio, él le dijo. “No creo que una persona pueda ser asexual. ¿Tuviste algún trauma en tu infancia?”. Hoy, comenta: “No entiendo cómo un sicólogo puede ser tan ignorante”. Reacciones así, vio varias. Su mejor amiga, cuando le contó, le preguntó: “¿Cómo sabes que eres asexual si nunca has tenido sexo en tu vida?”.

“Obviamente, nunca más volví a la consulta de ese sicólogo y a mis papás no les quedó otra que aceptarme. Aunque mi mamá no pierde la esperanza de que algún día voy a llegar con un pololo, yo ya me cansé de decirle que eso nunca va a ocurrir. No soporto imaginarme en la intimidad con alguien, me da repulsión, incluso, la idea de tomarme de las manos con otro”, remata.

“Viví cuestionándome, pensando que tenía un problema. Durante toda mi etapa escolar sentí que no pertenecía, no encajaba con el resto. ¿Por qué nunca me gustaba nadie?”, cuenta la ingeniera Mariela Ordóñez. Hoy sabe que es asexual.


Lo opuesto a sexualidad

No es reciente. La asexualidad ha existido desde tiempos remotos, tanto, que incluso Isaac Newton, el célebre científico inglés, dejó a principios del 1700 manuscritos aseverando que jamás sintió atracción sexual alguna. Más actuales, el cantante británico Morrissey, el músico estadounidense Bradford Cox (creador de las bandas Deerhunter y Atlas Sound) y su compatriota, el diseñador Tim Gunn (del programa de TV Project Runway) también han declarado en la prensa ser asexuales. Pero más allá de lo anecdótico que pueda resultar revelar cómo se definen rostros de la cultura pop, lo que sí es reciente es el interés de la comunidad científica por explorar la asexualidad. En Chile, de hecho, los especialistas saben muy poco de esto.

Mientras que la investigación sobre la sexualidad avanzó vertiginosamente durante el siglo XX y el actual, el de la asexualidad ha sido prácticamente inexistente, limitado solamente a la biología de las plantas y algunos microorganismos unicelulares. Eso hasta 2004, cuando el doctor y sicólogo canadiense Anthony Bogaert, profesor del Departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad de Brock, en Canadá, publicó un artículo sobre esta “cuarta orientación sexual” (¿hacia quién me siento atraído?), como él le llama y que merece tanta atención como la heterosexualidad, homosexualidad y bisexualidad. Durante la década siguiente, Bogaert continuó sus investigaciones que culminaron en Understanding Asexuality (Entendiendo la asexualidad), un libro que, desde su publicación en 2012, se ha transformado en todo un manual de referencia mundial. “En palabras simples, la asexualidad es la completa falta de atracción sexual y/o deseo sexual hacia otros. Es lo opuesto a la sexualidad”, explica Bogaert a Paula, quien agrega: “Es importante separar este concepto de la abstinencia y del celibato, por ejemplo, que involucra una opción voluntaria por la castidad. La asexualidad no es una opción, ni decisión por un periodo determinado de tiempo. Es algo que se es y con lo que se vive durante toda la vida, tal como cualquier otra orientación sexual. Nadie ‘decide’ ser hetero un día y al otro ser homo, independientemente de si nuestro comportamiento sexual se condice o no con nuestra orientación”, aclara.

Con los datos de su investigación y tras más de seis mil entrevistas con asexuales, Bogaert asevera que los humanos no son sexuales por naturaleza, pues existe un grupo, aunque minoritario, que no demuestra pulsión sexual alguna. Se trata de alrededor del 1% de la población, una cifra menor, pero igual de importante si se considera, por ejemplo, que de los 7.400 millones de población mundial, 740 millones serían asexuales. Asimismo, Bogaert asegura que la asexualidad es más prevalente en mujeres que en hombres y que es transversal al origen y situación socioeconómica de las personas, religión y grado de educación. También a los grupos etarios. “El fenómeno de las redes sociales ha influido en el rápido flujo de la información entre jóvenes, quienes hoy asumen su sexualidad o asexualidad sin mayores prejuicios. Sin embargo, el grupo de personas mayores queda marginado de la nueva información disponible en internet y pasa su vida pensando en que hay algo mal con ellos y prefieren vivirlo en secreto, antes de consultar a un especialista o de encontrar las respuestas y el apoyo que los jóvenes encuentran en las redes sociales”, asegura el especialista.

Aunque los estudios sobre las causas de la asexualidad aún son incipientes, Anthony Bogaert enfatiza en que se descartan problemas hormonales o físicos que puedan desencadenar la condición. Lo que sí se ha demostrado de forma preliminar es que existe una correlación con personas que tienen trastornos del espectro autista, como el síndrome de Asperger. “Sin embargo, carecemos de datos suficientes para confirmar aquello, ya que no todos los afectados con este trastorno carecen de atracción sexual, así como también, no todos los asexuales tienen Asperger”, aclara el experto.




“El gran problema de la asexualidad es convencer a la gente que no hay problema”,
afirma a Paula David Jay, portavoz del movimiento asexual AVEN
San Francisco, Estados Unidos.



Orgullo (A)sexual

“El gran problema de la asexualidad es convencer a la gente de que no hay problema”, afirma a Paula David Jay desde su natal San Francisco, en Estados Unidos, quien hoy es el portavoz del movimiento asexual. “Las personas piensan que si no tienes sexo, eres incapaz de conectar con la gente. Ni siquiera te consideran un adulto porque en nuestra cultura experimentar la sexualidad está directamente relacionado con convertirse en uno. Entonces te asignan una imagen pueril, infantilizada y no te tratan como el adulto que eres”, afirma Jay.

Motivado por visibilizar la asexualidad y congregar a otras personas que tal como él han vivido conflictuados buscando una definición que los identifique, en 2001 –y con 18 años– fundó AVEN –Asexual Visibility and Education Network (Red de visibilidad y educación asexual)– la comunidad de asexuales más grande del mundo, reunida en el sitio www.asexuality.org y que hoy congrega a más de 70.000 miembros de 16 países, donde sus activos participantes intercambian material científico y proporcionan recursos de investigación, favoreciendo la integración.

Incluso tienen bandera de lucha, de franjas paralelas de color negro, gris, blanco y morado. Y desde 2010, cada 26 de octubre, celebran la Asexual Awareness Week o la Semana de la Conciencia Asexual, en la que marchan por las calles de las principales capitales del mundo como París, Barcelona, Nueva York y Londres. Como emblema, han adoptado la letra “A” y el fonema ace –un as en las cartas– porque fonéticamente en inglés suena igual que ase, de asexual.

Que son gays reprimidos, que tienen problemas hormonales, de frigidez o impotencia. Que sienten aversión al sexo y a las personas; que tienen un trauma, que fueron abusados, que son asexuados –sin sexo, biológicamente hablando–, que son feos y por eso no consiguen pareja, que son cristianos ortodoxos. La lista de prejuicios para definir a un asexual es larga y bien se puede leer en los más de dos millones de mensajes diarios que recibe AVEN con testimonios de personas que cuentan cómo los han tratado luego de asumirse como tales. “Pero la única razón es que soy así porque soy asexual”, dice el activista.

¿Por qué organizarse? Para generar aceptación y reconocimiento público. A diferencia de las reivindicaciones del movimiento homosexual propiciado en los 70 que, entre otras cosas, buscaba la igualdad de derechos ante la ley, los asexuales buscan visibilidad ante una sociedad que condena a quienes viven sin sexo, además de prevenir suicidios (3 de sus miembros se han quitado la vida víctimas de bullying). “Somos gestores de la primera revolución sexual del siglo XXI”, aventura David Jay. “El mundo se construye según normas preestablecidas de lo que significa ser normal. Nuestro llamado es a alzar la voz por lo que hoy podría considerarse la mayor insubordinación de nuestros tiempos: vivir sin sexo, desde una mirada despatologizada”.

En 2011, los asexuales reunidos en Aven también comenzaron a participar en las Pride Parade del mundo –las Marchas del Orgullo Gay–, algo que al principio no fue fácil porque los tildaban de radicales cristianos. “La comunidad gay está cargada de sexualidad, y pensaban que nosotros pregonábamos la abstinencia. Poco a poco eso ha ido cambiando y hoy nos hemos ganado nuestro lugar en las marchas. Marchamos juntos por la comunidad LGBTQI, sigla a la que hemos añadido con orgullo la ‘A’, de asexuales, quedando como LGBTQIA”, afirma Jay.

Y la lucha ha rendido frutos. Uno de sus logros más importantes fue que en la última actualización del DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), publicado en mayo de 2013, un comité de AVEN presentó ante la Sociedad Americana de Siquiatría un informe de 75 páginas, elaborado con la ayuda de especialistas, entre ellos el sicólogo Anthony Bogaert, que concluía que los asexuales no deben ser incluidos dentro del Trastorno de Deseo Sexual Hipoactivo, una falta persistente –pero temporal– de deseo sexual y que a nivel clínico comúnmente se confunde con la asexualidad, provocando que a los asexuales se les tilde como reprimidos o traumatizados. En su lugar, la asexualidad debe considerarse como una orientación y no como una disfunción. La propuesta dio resultados. Hoy, en el DSM V se lee: “Un impulso sexual ausente o disminuido es considerado trastorno o disfunción solo en el caso que cause estrés significativo para la persona; y no si esta se autoidentifica como asexual”.

En paralelo, hoy proliferan en la web los sitios de citas para asexuales, comunidades donde pueden conocerse con el fin de entablar relaciones de amistad o románticas. Los más famosos y concurridos son platonicpartners.org, asexualitic.com y asexualmatch.com, que reúnen a cientos de miembros en su mayoría de Estados Unidos e Inglaterra.

El fenómeno también ha llegado a la publicidad. Bullada fue la campaña de la marca de colchones Flex, que el año pasado lanzó un peculiar spot para la televisión española. En el comercial, cuatro portavoces del movimiento en España comentan en primera persona cómo es ser asexual mientras están tendidos en sus respectivas camas (cuyos colchones son Flex, por supuesto). Enuncian frases como “antes el sexo era pecado y el pecado ahora es que no te guste” o “la cama es el último bastión de libertad que nos queda”. Al final, se escucha el eslogan: “En Flex pensamos que todo el mundo puede hacer y no hacer lo que le dé la gana. Porque la noche es nuestra”. La marca de descanso afirmó que con esto se hace un llamado a reivindicar la libertad de cada uno en su relación con la cama. Y sí que les resultó, ya que el anuncio obtuvo el apoyo de los consumidores.

Los asexuales pueden definirse románticos o no románticos. Los primeros se enamoran y logran intimidad física, que nunca es sexual. Los segundos, no desean ningún tipo de contacto físico ni emocional.

¿Romántica o no romántica?

“Los asexuales no sentimos atracción sexual, pero hay muchos otros tipos de atracción: estéticas, románticas, intelectuales, etc. Los asexuales podemos tener una vida similar a la de todas las personas, una pareja, una relación romántica, aventuras. Eso depende de cada persona. En mi caso, yo me defino como ‘hetero romántica’, porque prefiero tener una pareja del sexo opuesto”, afirma Dasanira (pide omitir su apellido), de 25 años. Es una ingeniera informática de ojos azules y pelo largo. “Ahora, el denominador común de los asexuales es que aún cuando podamos sentirnos atraídos románticamente por alguien, jamás, nunca, sentiremos atracción sexual”, agrega.

Dasanira fundó en 2012 el grupo de Facebook Asexuales Chile, que hasta la fecha es la única comunidad activa de asexuales en el país. Reúne a 500 miembros, la mayoría jóvenes entre los 16 y 26 años, provenientes de distintas clases sociales y de todo el país, aunque un número importante son de Santiago y la V Región.



Ya se extendieron a otras redes como Tumblr, Instagram y Twitter, aunque el grupo aún funciona de forma tímida. “El contacto es solo virtual. Estamos lejos de lograr el activismo de otros países y los miembros prefieren sentir apoyo entre los mismos asexuales y no en todo su entorno, en el cual prefieren mantenerse con un perfil bajo y discreto porque a muchos les avergüenza ser asexuales, simplemente porque son incomprendidos y discriminados en sus contextos más cercanos”, explica Dasanira, siendo justamente esa la razón por la que tampoco ella da su apellido para este reportaje.

Dasanira ha pololeado tres veces. Por presiones de su segundo pololo tuvo relaciones con él. “No fue satisfactorio, lo hice para complacerlo, no me sentía consecuente conmigo”, dice. Pero a su actual pareja le contó que es asexual. “Entendió que tener intimidad no solo significa tener sexo. Eso es solo una de las muchas dimensiones de relacionarnos con una pareja. Esto pasa porque erróneamente se vincula el amor con el sexo y no necesariamente tiene que ser así, de esta forma, un asexual es capaz de amar aun cuando no haya intercambio sexual”, asegura Dasanira, quien cuenta que la intimidad física con su pololo se basa en caricias, abrazos y tomarse de la mano. “Esto no es un condicionante en mi relación. La gente me pregunta si no tengo miedo de que mi pololo mire para el lado, y la verdad es que no. Mi relación se basa en la honestidad y en el amor, como cualquier relación normal”, dice.

Coincide en ello, el sicólogo Anthony Bogaert. “En función de la atracción latente que puede experimentar un asexual, se pueden encontrar dos subcategorías definidas: los románticos y los no románticos”, explica. Y agrega: “La atracción romántica y la atracción sexual son dos cosas distintas, con diferentes procesos cognitivos asociados. Por tanto, personas asexuales pueden definirse románticos o no románticos. Los primeros no experimentan atracción sexual, pero sí una idealización del otro a través del enamoramiento, tienen las mismas necesidades emocionales que el resto y son capaces de intimar con sus parejas, aunque lo harán de forma no sexual”, aclara.

“Es importante separarla de la abstinencia y del celibato que involucra una opción voluntaria por la castidad. La asexualidad no es una opción, ni una decisión por un periodo. Es algo con lo que se vive toda la vida”, dice Anthony Bogaert, el sicólogo pionero en el estudio de este tema.

Por otro lado, los asexuales no románticos en muchos casos no desean ser tocados ni tener ningún tipo de intimidad física. “Son capaces de amar, pero será el mismo afecto que se destina a familiares y amigos”, explica el sicólogo. Mariela Ordóñez, se define arromántica. “La idea de la proximidad física me pone los pelos de punta. Estar sola no es un tema. Estoy rodeada de amigos con quienes compartimos una intimidad, no siento que necesito a una sola persona para volcar mi afectividad y hasta el momento tampoco siento el impulso de la maternidad”, cuenta.

Kathalina Véliz (16, estudiante), es también arromántica, aunque ella sí se cuestiona la idea de tener hijos algún día. “No me agrada la idea de estar con alguien físicamente, pero en el futuro me gustaría ser mamá. Para lograrlo, tendría que ceder y tener relaciones, cosa que no creo que haga y si no, está la adopción”, dice convencida. Por su parte, Dasanira, está abierta a la idea de la maternidad pero, en cambio, estaría dispuesta a tener relaciones con su pareja. “Con un fin reproductivo”, aclara.

Romántico o no romántico, una dificultad para los asexuales que buscan un grado de intimidad (que nunca es sexual), es encontrar una pareja. Muchos asexuales terminan cediendo al sexo solo para complacer a sus parejas y otros buscan a otros asexuales con los que puedan compatibilizar, pero esto no depende de ellos. “El problema es que la atracción romántica tampoco es una elección, entonces muchos asexuales sufren cuando no son correspondidos”, señala el especialista, quien por estos días está concentrado en hacer un catastro de los asexuales con y sin hijos. “Tener esta estadística permitirá aportar datos demográficos y saber cuántos asexuales están interesados en la procreación. Porque, aun cuando no tengan pulsión sexual, muchos tienen instinto paternal o maternal. Lo que quiero averiguar es la prevalencia de este instinto en las personas que se definen como asexuales”, explica el sicólogo.


Como una ameba

“Cuando mis compañeros decían ‘oh, cacha la mina rica’, a mí no me provocaba nada. Sí sentía una atracción estética o intelectual hacia varios compañeros y compañeras, pero jamás esa atracción se manifestó en querer algo físico con ninguno”, cuenta Nicolás Ojeda (23, estudiante de Matemáticas). A los 16 años, y frente a su desinterés en las relaciones, la orientadora del colegio le sugirió a su mamá que podía ser homosexual. “Yo también me pasé el rollo de que podía ser gay, pero sabía que no. Incluso le pregunté a mi mamá si alguien había abusado de mí cuando chico”. Pero no, nada le había ocurrido. Incluso su mamá pensaba que era gay y muchas veces habló con él para darle su apoyo. “En realidad, yo me sentía como una ameba, que son asexuales y se auto reproducen. No necesitan una pareja. Tenía 12 años cuando aprendí eso en Biología y me dije: ‘una ameba es igual a mí’”.


“Cuando mis compañeros decían ‘oh, cacha la mina rica’, a mí no me provocaba nada”,
dice Nicolás Ojeda, de 23 años.
“Me pasé el rollo que podía ser gay, pero sabía que no”.

“Yo creo que mis compañeros se preguntaban a mis espaldas: ‘¿Al Nico le gustará alguien alguna vez?’, pero jamás se atrevieron a decírmelo a la cara, eran los cuchicheos que escuchaba, debido a que nunca dije quién me gustaba y eso levantaba sospechas entre los demás”. Para evitarlo, Nicolás pololeó dos veces. “Con mi segunda polola duramos un año. Yo tenía 17 y ella siempre quería llegar a otro paso. Yo cedía con caricias, pero no lo disfrutaba. No lograba excitarme. Ella me decía que era impotente y eso me daba rabia”, recuerda Nicolás, quien se define arromántico. “No me da miedo estar solo. ¿Quién dice que hay que estar en pareja y tener hijos para ser feliz y sentirse completo?”.

El entorno de Nicolás sabe y acepta que él se define así. “Tampoco ando por la calle diciendo, ‘hola, soy asexual’. Así como nadie dice ‘hola, soy hetero’”. Fanático del fútbol, sus cercanos de la liga donde juega todavía no entienden su orientación. “Me dicen el ‘Sheldon Cooper’, un personaje de la serie The Big Bang Theory, quien no siente interés en el sexo. La pregunta recurrente que me hacen es que si soy asexual entonces no me masturbo. Yo les digo que de repente lo hago, no pensando en alguien o algo, sino como un acto para liberar tensiones y no por el placer sexual asociado a la masturbación”, explica. Y concluye: “A todos les digo que uno tiene que ser y hacer como uno quiera. Porque al final de cuentas cada persona es muchísimo más compleja que una etiqueta que la defina. Y yo soy feliz sin sexo”.

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Saludos desde Argentina

martes, 13 de junio de 2017

¿Quiénes son los demisexuales?

Hoy les traigo un artículo publicado en la revista Semana el 31 de Mayo de 2017.

En el amplio espectro de la diversidad sexual, este grupo de personas se caracteriza por buscar fuertes lazos emocionales antes de tener relaciones íntimas. Expertos consultados por Semana.com explican esta tendencia.



No es sorpresa para nadie la diversidad que ha salido a flote cuando se habla de orientaciones sexuales. Sin embargo, en variedad de opciones, los asexuales, y con ellos los demisexuales, han aparecido sin hacer mucho ruido. En cuanto a los primeros hay que aclarar que no se trata de un celibato, sino de la decisión de no tener sexo porque no les interesa. Los demisexuales, en cambio, solo sienten atracción sexual cuando ya han construido afecto hacia la otra persona, y rara vez demuestran interés por el sexo que el promedio.

Este vínculo emocional que deben construir para poder sentir atracción sexual varía dependiendo de cada persona, pero no quiere decir que la conexión emocional va a garantizar que exista esta atracción. Muchos de los demisexuales buscaron información en internet, dado que no existen estudios específicos que traten el tema. Otros más encuentran un apoyo en varios videos de YouTube hechos por adolescentes de habla inglesa en la que explican su orientación. En América Latina ya hay un grupo en Facebook para el mismo fin y que cuenta con 1.850 miembros.

“He tenido relaciones amorosas y había creado un vínculo fuerte, pero no tuve sexo. Eso sí, me parece importante primero conocer a la persona y amarla antes de tener una relación sexual. Supe hasta hace poco que existía propiamente ese concepto y creo que sí me podría identificar así”, dice Mónica*, estudiante de Derecho.

Según la Red para la Educación y la visibilidad de la Asexualidad de España existen modelos hipotéticos de la sexualidad que facilitan una explicación sobre esta orientación. Para el caso de los demisexuales no existe una atracción primaria, que hace referencia a la información que encuentra la persona al instante, como su físico o su olor. Pero sí existe una atracción secundaria, aquella que se desarrolla con el tiempo y que va ligada a la conexión emocional.

“En realidad estamos hablando de fenómenos que están pasando hoy desde la perspectiva de género, entonces necesitamos abrir el abanico sobre lo que es la sexualidad y la emocionalidad desde la sexualidad. La demisexualidad se caracteriza entre los 13 a los 25 años, siendo más notoria en adolescentes”, dice Carolina Guzmán, psicóloga terapeuta y sexóloga quien ya tiene dos casos aquí en Colombia.

Guzmán aclara que se habla del tema demisexual no porque sea una confusión en la orientación sexual sino que cuando las personas están desarrollando una orientación se sienten atraídas por cómo es la persona. Respecto a esto afirma que no es que sea exclusiva una atracción por el amor, que puede ser, sino más por las cualidades con las que pueden idealizar al otro. “Se preguntan: ¿Le gusto? ¿Piensa en mí? Y se hacen fantasías, no necesariamente eróticas”, dice la psicóloga.

“Tuve sexo con algunos de mis exnovios, pero lo hacía más que todo por satisfacerlos, porque en realidad a mí nunca me había interesado tener relaciones sexuales, solo con uno de ellos me sentí cómoda y fue porque creo que había más confianza, fue algo raro y me sentí muy confundida”, cuenta Laura* estudiante de Comunicación.

Según Demisexuality Resource Center, un portal creado para brindar información acerca de esta identidad, los sentimientos frente al sexo pueden variar en cada persona, por lo que es difícil establecer una aclaración al respecto.

El mismo portal establece que es necesario para esa comunidad la existencia de la etiqueta para que se cree un sentido de comunidad y estas personas descubran un apoyo entre ellos mismos. Esta identidad ha cobrado fuerza en Estados Unidos y Europa, en donde ya se conocen sus símbolos de orgullo, como la bandera con los colores negro, gris y blanco que representan a los asexuales, demisexuales y alosexuales respectivamente. El púrpura y el triángulo representan a la comunidad.

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Saludos desde Argentina!

miércoles, 24 de mayo de 2017

¿Qué es la asexualidad?

Artículo publicado en el sitio web AVENITAS, por Siwatl tleokoyani el 23 de Mayo de 2017

Pa’ la gente que pregunta sobre mi orientación sexual ahí les va pero pongan atención .
Soy asexual con una conducta sexual evidente, sexopositivo con inclinaciones demi/pan/bi románticas (como más les guste), que tiene más prácticas sexuales que sus amigues alosexuales (sexuales) con hombres y mujeres cis/trans/no binarixs por lo que implica el contexto del acto y no el acto en sí o por impulsos sexuales (porque biológicamente no hay nada distinto en mí).

La asexualidad es la no atracción sexual (hay otro tipo de atracciones). Asexualidad no es la decisión de no tener sexo (porque yo decido sí tenerlo), no es celibato ni que NO haya llegado la persona indicada, ni es causado por traumas sexuales.
Si se perdieron y tienen preguntas dejen sus comentarios aquí (sean serixs).

¿Qué es la asexualidad?

Es no sentir atracción sexual.

Existen mitos sobre las personas asexuales y ahí la importancia de hacernos visibles. La asexualidad suele confundirse con el repudio, el asco, la impotencia sexual, los traumas sexuales, el celibato, la abstinencia, falta de libido, problemas hormonales, el no placer sexual, la antisexualidad o las creencias morales-religiosas que perciben el acto sexual como malo o sucio.



Las personas asexuales tenemos distintas formas de vivir nuestra asexualidad y regularmente nos identificamos cuando conocimos esta orientación sexual, así que si para nosotrxs es difícil entender qué es eso que no sentimos y que creímos estaba mal en nosotrxs por las presiones sociales de nuestros contextos hipersexualizados, para ustedxs, las personas alosexuales (quienes sí sienten atracción sexual) es aún más complicado entender la no atracción sexual porque nos educaron para creer que todas las personas tenemos ese interés y que la libertad de lxs cuerpxs y el amor llegan a su máxima expresión en los actos eróticos.

Una forma de entender la asexualidad es la siguiente:

Las personas bisexuales sienten atracción sexual por hombres y mujeres.
Las lesbianas son mujeres que sienten atracción sexual por otras mujeres.
Lxs pansexuales sienten atracción sexual por las personas sin importar su sexo-género.

Lxs heterosexuales sienten atracción sexual por las personas del sexo contrario.

Lxs asexuales no sienten atracción sexual por las personas.

La libido o impulsos sexuales no están dirigidos a otrxs. Es decir, una mujer lesbiana no siente atracción sexual por hombres (es asexual hacia los hombres), una persona heterosexual no siente atracción sexual hacia las personas de su mismo sexo (las mujeres heterosexuales son asexuales hacia las mujeres y los hombres heterosexuales son asexuales hacia los hombres).

Que las personas no sintamos atracción sexual hacia otrxs no significa que no podamos enamorarnos o tener contacto físico, erótico o sexual con otrxs o que esos actos no vayan a ser satisfactorios. Una persona heterosexual puede disfrutar del acto sexual con una persona de su mismo sexo sin sentir atracción sexual porque el placer es una reacción de lxs cuerpxs. Lo mismo ocurre con las personas lesbianas u homosexuales al tener experiencias sexuales placenteras con personas del sexo contrario sin que esto tenga que ver con la atracción sexual.

El deseo sexual no es atracción sexual.

El deseo es querer disfrutar del erotismo. La atracción sexual va dirigida a alguien. Hay personas asexuales que no sentimos deseos sexuales y otras que sí y las satisfacemos con masturbaciones porque no es necesario el contacto con lxs otrxs.

La asexualidad no tiene relación con las conductas sexuales. Los comportamientos sexuales varían en cada persona por sus ideas, creencias, contextos y/o educación.

Dentro de la comunidad asex cada persona vive su orientación de forma distinta, lo que nos identifica es que no sentimos atracción sexual. Y las experiencias sexuales pueden ser o no ser placenteras, podemos o no estar sexualmente con otrxs, podemos o no repudiar el sexo, podemos o no tener parejas sexuales, podemos o no enamorarnos pero eso dependerá de cada persona como en cualquier otra orientación sexual.

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jueves, 6 de abril de 2017

APUNTES DE PSICOLOGÍA

Apuntes de Psicología es una revista de Psicología general que publica trabajos teóricos y empíricos de todas las áreas de dicha ciencia. La revista publica tres números al año y sus artículos se incluyen en COMPLUDOC, CSIC (BDDOC, CINDOC, DICE, ISOC, RESH), DIALNET, IBECS, IN-RECS, LATINDEX, NLM CATALOG, PSICODOC, PSYCINFO, PSYCLINE y ULRICH´S INTERNATIONAL PERIODICALS DIRECTORY.

Link: Vol. 34, Núm. 1 (2016)


"Revisión narrativa de la asexualidad
en la especie humana como
una orientación sexual"


Por: Florencia CATRI


Resumen

El objetivo del presente artículo es describir el estado actual de conocimientos sobre la asexualidad como una orientación sexual. En particular, se analizan las siguientes cuestiones: la comunidad virtual asexual; las definiciones y las tasas de prevalencia de la asexualidad; la masturbación, las fantasías sexuales y las relaciones de pareja en individuos asexuales; la relación de la asexualidad con algunos trastornos mentales; la discriminación a individuos asexuales. Se concluye que la asexualidad puede definirse como un meta-constructo que engloba distintas categorías, entre ellas la falta de atracción sexual y la auto identificación. Su tasa de prevalencia varía según la definición utilizada. Los individuos asexuales presentan un cierto nivel de deseo sexual y de comportamientos sexuales. La asexualidad no es considerada una variante del trastorno de deseo sexual hipoactivo, ni tampoco un trastorno en sí, aunque algunos estudios la asocian a un mayor porcentaje de trastornos mentales. Sin embargo, estos trastornos son causados por el estigma social y la discriminación que sufren los individuos asexuales. La asexualidad pone en cuestión la forma en la que se entiende la sexualidad en la actualidad. Se sugieren algunas líneas de investigación.


Texto completo:PDF

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jueves, 23 de marzo de 2017

ASEXUALIDAD EN EL ADULTO JOVEN: UNA MIRADA EXPLORATORIA

Tesis de Grado 

Facultad de Salud, Departamento de Psicología.
UNIVERSIDAD DE PAMPLONA. Colombia

Presentada por: Faryd Kaleb Montañez Albarracín, Nathalie Andrea Vera Suescúm, 

Asesora de Trabajo de Grado: Ginny Rocío Luna Rodríguez.




Resumen:

La presente investigación tiene como objetivo la descripción del proceso de descubrimiento y aceptación de la orientación sexual de tres personas asexuales, el cual hace referencia al reconocimiento que hace la persona asexual de su propia orientación sexual y su identificación con la misma utilizando la metodología cualitativa por medio de la técnica de estudio de caso documentando dicho proceso para permitir la realización de aportes teóricos acerca de esta orientación sexual contrastando estos resultados con los referentes teóricos examinados; se logró evidenciar que el proceso de descubrimiento de la asexualidad conlleva numerosos obstáculos y dificultades, generándose una crisis de identidad que implica dificultades de autopercepción, autoconcepto, autoestima a interacción social sin embargo una vez que ésta crisis de identidad se resuelve y la persona logra enfrentar los efectos que ésta conlleva, se genera un empoderamiento respecto de la propia orientación sexual, asumiéndola como una parte más de sí mismo, una expresión normal de su sexualidad, que rompe los esquemas tradicionales como parte de las llamadas
sexualidades periféricas que van más allá de los parámetros dicotómicos establecidos por la sociedad.


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miércoles, 15 de marzo de 2017

Asexualidad: Problemas y ventajas de ser asexual

Artículo escrito por Samuel Alaves, publicado en EllaHoy el 13 de Marzo de 2017


La asexualidad es algo que afecta a una minoría de la población mundial. De esta forma solo serán asexuales un 1% de las personas en el mundo. Esta casi desconocida opción sexual tiene algunas desventajas pero también puede tener un lado muy positivo, del que poco se habla. A continuación, te mostramos las dos caras para que conozcas un poco más sobre este lado de la sexualidad humana.


Problemas que puede tener la asexualidad

El principal problema que trae consigo la asexualidad es la dificultad para mantener una relación de pareja ya que para muchos, es difícil comprender a la pareja asexual. Las personas asexuales no sienten atracción sexual ni hacia personas de su sexo, ni hacia personas del sexo contrario, lo que hace complejo el mundo de las relaciones de pareja para ellos. Esto no quiere decir que no puedan relacionarse o ser plenamente felices y es justamente aquí donde suele haber confusión.

En muchas ocasiones, la asexualidad es inducida. Es decir, no es una asexualidad real desarrollada genéticamente si no que aparece por algún trauma fuerte relacionado con las experiencias sexuales en edades tempranas. De esta manera, algunos niños que han sufrido abusos sexuales, desarrollan asexualidad en la madurez. Este tipo de asexualidad se puede tratar y llegar a desaparecer con el tratamiento de terapia psicológica.

Las personas asexuales además de tener problemas a la hora mantener relaciones sexuales, pueden desarrollar frustracionespor no tener un ritmo de sexo que responda a la visión de la sexualidad que el mundo actual tiene.

Por otra parte, como la población asexual es minoría, puede alimentarse un sentimiento de exclusión social, que les puede llevar a sentir malestar o soledad. Puede desembocar en problemas para relacionarse con otros individuos e incluso en algún tipo de depresión crónica.


Ventajas que puede tener ser asexual

Como todo tipo de sexualidad, la asexualidad también tiene una parte buena que hay que valorar. Las personas que son asexules, no mantienen una sexualidad activa ytienen una capacidad de juicio mucho mayor que las personas con una sexualidad activa y definida según en los estándares comunes.
Pueden realizar tareas que requieran mayor capacidad de concentración de un modo mucho más sencillo que el resto de personas. Además, en algunos casos también tienen una gran fortaleza tanto física como mental que les permite realizar actividades duras sin un esfuerzo emocional grande.
Además, suelen tener menos prejuicios a la hora de entablar una amistad con personas de su género opuesto.


Todo es cuestión de entendimiento

Lo más importante si conoces a alguna persona asexual, es saber cómo comportarte con ella. Intenta ser tolerante con su sexualidad y aceptar que simplemente no tiene una necesidad de sexo como la que quizás tienes tú o las personas que conociste antes. Así que, ya sabes si conoces a alguna persona asexual, no tengas ningún reparo en querer formar parte de su vida, conoce a la persona por lo que es y no te dejes llevar solo por una parte de él.

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martes, 21 de febrero de 2017

Asexualidad: me gustas, pero no me atraes sexualmente

Artículo publicado por el Administrador del sitio AUTO COACHING PNL BLOG el 26 octubre de 2016


Hemos descubierto nuevas orientaciones sexuales que distan de la heterosexualidad normativa que se ha impuesto en muchas sociedades durante siglos. Ahora hablamos de homosexualidad, de bisexualidad o de pansexualidad con naturalidad, especialmente las generaciones más jóvenes. Poco a poco está empezando a calar la idea de que la diversidad es libertad y enriquecimiento, algo que anima a que cada uno definamos de forma particular nuestra propia orientación sexual.

La orientación sexual, englobaría a la atracción sexual, erótica, emocional o amorosa hacia un determinado grupo de personas definidas por su sexo. Si nos quedamos en exclusiva con la parte de atracción, encontramos a un grupo de personas que se están empezando a identificar como grupo. Hablamos de la asexualidad, o lo que es lo mismo, de personas que no sienten esta atracción sexual hacia nadie, lo que no implica que en otros aspectos no les pueda gustar una persona o se puedan llegar a enamorar.


“Imagina cómo se puede sentir un adolescente
que no siente la necesidad de experimentar sexualmente con nadie y que, además,
cree que tiene que encajar en alguna de las orientaciones sexuales conocidas”
-Lucía, autora de “Diario de una asexual”-



La asexualidad no es una consecuencia

Si entendemos esta ausencia total de atracción como una anormalidad, intentaremos responder a una pregunta: ¿por qué se ha producido? Podemos pensar que quizás hayan vivido una mala experiencia: un condicionamiento tan fuerte que cualquier idea relacionada con el sexo les genera rechazo.

Tras estas experiencias, la persona, en su necesidad de protegerse, deja de tener ese impulso sexual hacia los demás. Pero, esto no es la asexualidad. Pensar en justificar esta realidad de esta manera significa desvirtuarla y estar lejos de entenderla. Recordemos que la asexualidad refleja una falta de interés por el sexo, no miedo o aversión por el mismo. Simplemente parece que es una actividad que no les llama la atención, igual que a ti no te llaman la atención otras muchas.

Ellos no se sienten motivados por mantener relaciones sexuales de ningún tipo con nadie. ¿Tendrá esto algo que ver con la religión? ¿Con una determinada cultura? De nuevo, reiteramos nuestra negativa. Simplemente, es una forma de vivir y ver las relaciones de forma diferente a como las entiende la mayoría.


“Me torturé durante muchos años tratando de buscar
a alguien que me despertase ese deseo y no
me importaba que fuese hombre o mujer.
Después de años y de muchas experiencias fallidas,
decidí aceptarme como soy. Poco después,descubrí en Internet
la asexualidad y, justo ese día, acabaron mis conflictos”
-Lucía, autora de “Diario de una asexual”-


Las relaciones de pareja

Es importante que brindemos un apartado al tan conocido mundo de la pareja. Cuando hablamos de una persona que es asexual, que no siente ese impulso erótico hacia los demás, ¿tienen facilidades para encontrar pareja? Lo cierto es que no tienen ningún problema.

Las personas asexuales pueden enamorarse. Viven el amor romántico. Les gustan los abrazos, los besos. Quieren sentir esa conexión con la otra persona, no obstante no tienen ningún deseo "carnal". Pueden vivir en pareja sin problema. Aunque, es necesario mencionar que también hay personas asexuales que se declaran arrománticos.

Lo habitual es que las personas asexuales busquen pareja afines. Aún así, ¿qué ocurre si se enamoran de alguien diferente a ellas? No pasa nada. Los asexuales no rechazan el sexo. Simplemente no se encuentran atraídos por las personas en ese sentido. Si a ti no te apetece una manzana, ni siquiera piensas en ella, ¿te la comerías? Puedes hacerlo, por complacer a quien te insiste en que será bueno para ti, pero no tendrías un interés genuino por ella. Esto es lo mismo.

Hemos mencionado que los asexuales no sienten ningún tipo de interés sexual hacia los demás, pero esto no significa que no tengan sexualidad o que no disfruten de ella. Las personas asexuales pueden llegar a masturbarse. Una cosa es el impulso sexual y otra que alguien “te ponga”. Sin embargo, no llegan a disfrutar del sexo como lo pueden hacer las personas que no se encuadran dentro de la asexualidad. Para ellas un orgasmo dista de ser lo mejor del mundo.


“La idea de que tú puedes mirar o conocer a una persona
y sentirte sexualmente atraída por ella es algo que
un montón de gente experimenta y está bien, pero a mí no me ocurre”
-Evie, poliamorosa y asexual-


En España se fundó la primera asociación de asexuales, Asexual Community España (ACE), con el gran cometido de dar visibilidad a esta “no orientación sexual” con la que algunas personas pueden sentirse identificadas. Porque el amor y el sexo no tienen por qué ir siempre de la mano y este sólo es un ejemplo de ello.

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lunes, 13 de febrero de 2017

Asexuales ¿La cuarta orientación sexual?

Hoy les traigo un artículo publicado por Barbara Ayuso en el diario EL PAIS de Madrid el 2 octubre de 2016




La pajarita de Rafael es más que una cuestión estética. Sus colores (gris, negro, blanco y morado) simbolizan quién es, y lanzan un mensaje claro: soy asexual. No célibe, ni casto, ni inmaduro, ni impotente. Tampoco inexperto o traumatizado. Simplemente, no experimenta atracción sexual. Algo que, según los estudios llevados a cabo por el sexólogo Anthony F. Bogaert, le ocurre a un 1% de la población, unas 70 millones de personas en todo el mundo.

Al principio, eran una incógnita dentro de la ecuación del deseo. El pionero informe Kinsey los definió como "X" en su escala, porque sentían nula atracción hacia hombres y mujeres. Los colores que ahora enarbolan para visibilizarse, homenajean el trabajo del sexólogo: "Cada uno simboliza una de las opciones y el morado, la comunidad", explica Rafael. Él, astrofísico de 27 años, también fue una incógnita para sí mismo. En la adolescencia se sabía diferente al resto, porque no atravesó el clásico despertar sexual. No le interesaban los chicos ni las chicas. Murmuraban que era "rarito" u homosexual, pero no le preocupaba en exceso. "En el colegio sufrí bullying, así que cuando llegué al instituto me daba igual lo que me dijeran", aclara.

Google le puso nombre a lo que le ocurría: era asexual. "No fue un descubrimiento traumático, simplemente supe que era algo perfectamente normal que le ocurría a mucha más gente", dice. "Cuando estoy en la discoteca y el resto ven a alguien atractivo, dicen eso de 'yo me acostaría con él o ella'. A mí no me pasa, puedo decir que es atractivo, o guapo o simpático, y que me gustaría estar con ella con sofá, peli y manta. Pero no me sale el 'melofo' ese", aclara.

También descubrió que existía una amplia comunidad virtual de asexuales, Asexuality Visibility and Education Network (AVEN) y su filial para hispanoablantes, AVENes, que compartían experiencias y vivencias de una orientación poco conocida y muy proclive a falsos mitos. "Te sientes muy alienígena, porque no puedes empatizar con los demás. Sientes que tienes que fingir o aparentar para encajar", cuenta Marcia, una chica asexual amiga de Rafael. Aunque estudiaban en la misma universidad, ambos entraron en contacto por uno de sus foros, hablando sobre Naoko, un personaje de la novela Tokio Blues de Haruki Murakami. "Es un retrato 200% realista. Ella se echa la culpa de no poder tener sexo con su novio, e incluso intenta tener una relación con una chica, y tiene episodios de sexo no claramente consentido... es una asexual de libro", dice Marcia.
Asexual no significa "nada de sexo"

Ambos han tenido relaciones de pareja, pero ninguna satisfactoria. "Yo solo tuve una, y no hubo relaciones sexuales pero tampoco fue un problema, porque aunque no lo supiera creo que la otra persona también era asexual. Así que yo nunca me he sentido forzado en ese sentido, he tenido suerte", explica Rafa. Para ella, la situación fue diferente. En su segunda relación ya ponía nombre a lo que le ocurría, y su novio se esforzó por entenderlo y respetarla: "Pero aún así, sientes una presión social muy grande, por parte de la familia, del entorno.. cosas que potencian que cualquier momento en el que se ponga especialmente pesado, cedas, porque sientes que eres una mala pareja o que tu amor vale menos si es incompleto", asegura. Otros casos, como el del antropólogo Javier León, autor del libro Asexualidad: ¿se puede vivir sin sexo?, evidencian que la vida de pareja y la asexualidad son perfectamente compatibles.




Ellos ejemplifican lo heterogéneo del colectivo, al que es un error encapsular en unas tendencias delimitadas. Hablamos de un espectro amplio que incluye una infinidad de variantes que empiezan por separar dos conceptos que social e históricamente están ligados: la atracción sexual y la romántica. Para ellos, no lo están. Pueden, como Marcia, no tener interés sexual y sí romántico en sus relaciones (alorrománticos) o experimentar atracción sexual solamente cuando hay un lazo emocional (demisexuales). Un glosario complejo, que suele ser pasto de reduccionismos. "Se admite que puede haber gente desinteresada en el sexo. Lo que ocurre es que se simplifica el no sentir atracción sexual y se equipara a un comportamiento no sexual y de ahí una vida de monje", aclara Marta Torca, activista de la asociación.

Muchos asexuales, de hecho, mantienen relaciones habitualmente. Bien por complacer a su pareja, por procrear o porque, en determinadas situaciones, sí que llegan a sentir deseo esporádico (los grisexuales). Y pueden disfrutar del sexo. "Además, ahí entran en juego lo que consideremos relaciones sexuales, porque no todo se reduce al coito", precisa Rafa. La masturbación tampoco es ningún tabú: "A veces puedes hacerlo por una necesidad fisiológica, pero no evocas a una persona ni a una situación", explica. Marcia añade una metáfora: "Una vez alguien lo definió como cuando tienes muchas ganas de comer, pero vas a la nevera y al abrirlo ves que no te gusta nada. Algo así", dice. Son conscientes de que la batalla de la comprensión se presenta larga: "La asexualidad es muy diversa y hacer llegar esa diversidad va a costar. Hacer entender que una persona puede tener relaciones sexuales, pareja que sí sienta atracción sexual, masturbarse, tener impulso sexual (diferente de atracción) y aún así seguir siendo asexual", apunta Torca.



Activismo y visibilización


Hace un año, la comunidad virtual empezó también a organizar quedadas presenciales. Pero Marcia y Rafa detectaron una falla importante, aunque solo parezca un matiz: "Se convocaba a gente con asexualidad, no a asexuales. Como si fuera un problema o algo que padeces", recuerda ella, dibujando en el aire las tres letras de la preposición. Ese fue el germen de la asociación que fundaron en febrero de 2016, la primera de España: Asexual Community España (ACE), enfocados a la visibilización y el activismo del colectivo. Pretenden luchar, entre otras cosas, contra esa preposición maldita. Y contra los tratamientos que tratan de corregir su condición: "Algunos sexólogos llegan a recomendar que te fuerces a ti mismo a tener sexo para curarte", apunta Marcia.

En 2013, la asexualidad dejó de ser considerada trastorno por el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV), pero según denuncian, siguen existiendo profesionales que lo prescriben como patología. Y ponen ejemplos: "Hace poco una unión de sexólogos publicó un artículo afirmando que los asexuales teníamos un error de concepto, y un trastorno larvado en la infancia. Incluso nos han comparado con estrellas de mar", dice Marcia. Ellos apelan a estudios como el de la sexóloga Lori Brotto o Bogaert, que desmitifican una de las ideas más extendidas. La que sostiene que la asexualidad está motivada por algún trauma.

Algo que también detectan en el ámbito social. Los asexuales se sienten continuamente cuestionados, porque la incredulidad es la reacción dominante cuando confiesan que no experimentan atracción sexual: "Eso no puede ser", "es que no has tenido una buena experiencia", "no has conocido a la persona adecuada", "¿no serás homosexual?", "¿te has mirado las hormonas? Igual es un problema de líbido", son las preguntas que les desgastan a diario.



Por eso acogen con agrado iniciativas como la del anuncio de colchones Flex, que trataba de ahuyentar ciertos tópicos que arrostran los asexuales, como que sufren aversión al sexo. Además, la campaña ayudó a acercar la realidad a mucha gente que, por cuestiones generacionales, no formaba parte de la comunidad virtual y desconocía incluso el concepto: "Nos ha escrito una mujer de 50 años que conoció la asexualidad por eso, y se sintió identificada. Nunca le había puesto nombre, y lleva toda una vida forzando el deseo, con hijos y marido, pero sin entenderse a sí misma. Es una vivencia que si la vives en soledad, puede llegar a ser alienante", dice Marcia.

En una sociedad hipersexualizada, afirman que los hombres se llevan la peor parte, aunque tampoco es sencillo para las mujeres: "La idea de la masculinidad está muy asociada con el sexo, el que no lo tiene parece que es menos hombre. Una chica puede quitarse a un plasta de encima y sale aplaudida porque está ejerciendo su libertad a decir no. Pero si una chica guapa se insinúa a un chico, le dice que no y al momento es maricón y tiene que aguantar bromas y pullas", explica Marta Torca. El propio Rafa afirma vivir situaciones muy similares: "A una chica particularmente insistente, le tuve que decir que se iba a ir con el calentón a casa", recuerda.

Además de liberar de estigmas al colectivo, su agenda política es más ambiciosa: buscan ser reconocidos como la cuarta orientación. "Consideramos la asexualidad como una orientación sexual equiparable a homosexualidad, bisexualidad o heterosexualidad. Es una idea que ya viene del año 1979, con el modelo de Storms", dice Torca. Estiman que si no se abre el marco de la diversidad sexual, siempre estarán al margen. Marcia vuelve a echar mano de las metáforas: "Si tú eres calvo y te preguntan tu color de pelo, puedes decir: soy calvo como color de pelo, o es que no tengo pelo. Lo mismo ocurre con la orientación, que tiene que reconocerse. Nos gustaría que existiese como opción: porque si eres calvo no eres ni pelirrojo ni moreno ni rubio. Eres calvo". Los asexuales ya no son ninguna "X", pero aún tienen incógnitas que despejar.

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lunes, 23 de enero de 2017

Asexualidad: la orientación invisibilizada

Bueno, hace unos días una amiga me preguntó sobre el blog porque dijo que no encontraba mucha información sobre Asexualidad en español... lo cual hizo que recordara lo abandonado que tengo este sitio, y me sentí culpable.
Así que para intentar volver al ritmo, les traigo un video publicado el 27 diciembre del 2016, es parte de una conferencia en el "XIII Congreso Español de Sexología" y el "VII Encuentro Iberoamericano de Profesionales de la Sexología" que dio Martina González Veiga, una psicóloga sanitaria y sexóloga, fundadora del centro de sexología "Con Mucho Gusto"









Algunos links por si les interesa:

- www.martinagonzalezveiga.com
- www.conmuchogustosexología.com (página en construcción)


Saludos desde Argentina!

martes, 26 de julio de 2016

Siglo XXI: el final del sexo obligatorio

Artículo publicado por Miguel Vagalume en Pikara Magazine el 08 de Julio de 2016

Se nos aseguró que la vida sexual activa era un indicador de salud, que nos insistió en cuál era la frecuencia correcta y se nos animó a experimentar al máximo. Pero se nos siguió vendiendo un modelo único de “sexo normal” que llevaba a mantener tabúes y culpas. ¿Qué nueva revolución sexual necesitamos ahora?


El siglo XX es llamado a menudo el “siglo del sexo”. Aunque los cambios culturales son mucho más sutiles y complejos, se podría poner la fecha de inicio del “siglo del sexo” en 1905. Ese año se plasma por primera vez en un texto qué es el sexo “normal”. Lo hace Freud en ‘Tres Ensayos sobre una Teoría sexual': “La unión de los genitales es considerada la meta sexual normal en el acto que se designa como coito y que lleva al alivio de la tensión sexual y a la extinción temporaria de la pulsión sexual (satisfacción análoga a la saciedad en el caso del hambre)”, escribió Freud. Fuera de esa unión de genitales (una vagina y un pene, por supuesto), todo era perversión: “El uso de la boca como órgano sexual es considerado perversión”, decía unas líneas más abajo.

En Europa, durante el siglo XX, el sexo —un sexo muy concreto, no degenerado— pasó a ser algo central en nuestra vida, algo necesario para ser feliz, para realizarse. Ya no es suficiente dejarlo escondido en el cajón y no prestarle atención, como tuvieron que hacer muchas de nuestras abuelas y una larga historia de mujeres y personas con gustos poco convencionales de las que nunca se supo qué les gustaba y qué no.

Ese interés devino en la primera revolución sexual del siglo. Wilhelm Reich convirtiendo el orgasmo en fundamental, Hirschfeld y la reforma sexual en lo público y lo privado, la libertad de las noches berlinesa y parisina, el travestismo (se inventa el término), la transexualidad (Lili Elbe), luchas por los derechos para las personas homosexuales, los debates sobre la educación sexual… Todo parecía posible hasta que llegó el fascismo a Europa de la mano del catolicismo.

Eso, junto con otros factores, hizo que toda esa libertad emigrara a EEUU y que en los años 60 y 70 volviese a darse otra “liberación sexual” para las mujeres (la “píldora”), para gais, lesbianas, transexuales (la comunidad leather, Stonewall) y para heterosexuales (aunque parezca increíble hoy día, se convirtieron en aceptables las relaciones “prematrimoniales”). Se buscaba la experimentación y la transgresión (orgías, tríos, comunas, orgamos simultáneos…) y se popularizó la idea de abrir “las puertas de la percepción “ (Aldous Huxley, alucinógenos…).

Todo ese recorrido, que se suele relatar, a modo bíblico, como un camino de liberación hacia un paraíso final, en realidad ha ido dejando al mismo tiempo un montón de asuntos sin resolver que se han ido acumulando. La salvación nacida de su propia condena.


La patologización de la frecuencia

El sexo se convierte en central de mano de la psiquiatría. Freud identifica la sexualidad con un inconsciente que hay que “desvelar”, descifrar, descubrir qué se oculta detrás del deseo… y hoy en día seguimos viéndolo igual. Se sigue pensando que detrás de un deseo erótico masoquista, detrás de la elección del trabajo sexual, que detrás de cualquier práctica poco convencional, siempre hay algún problema que resolver. 

Krafft-Ebing, otro psiquiatra, había creado la lista de perversiones que hasta hace tres años ha seguido en los manuales de psiquiatría (y la OMS las sigue incluyendo en su lista de enfermedades). La diversidad del deseo condenada a ser vista como una enfermedad. Aunque se tolera a gais, lesbianas, transexuales, bisexuales, se les/nos sigue viendo como excepciones frente a la normalidad. Con el fascismo esa diversidad se convierte en delito. En España hasta hace poco tiempo, el 28 de diciembre de 1978. No ha sido un camino fácil.

Wilhelm Reich, discípulo de Freud, es el primero en convertir, en 1927, el orgasmo en indicador de salud mental. Y a eso se une, en los 60, el establecimiento de un nuevo sexo “normal”: el estadísticamente normal, el que hace la mayoría. Pero ¿cómo se puede medir estadísticamente? Por la frecuencia: cuántos orgasmos, cuántas cópulas, cuántas experiencias homosexuales, cuántas parejas sexuales. Y eso hace que la normalidad sea una determinada frecuencia por debajo o encima de la cual nos estamos saliendo de la norma. Y ahí seguimos, entendiendo que salirse de la media indica que se tiene un problema: por encima de un determinado número de veces es adicción, que por debajo es “deseo hipoactivo”.

La frecuencia unida a un nuevo“modelo recreativo” en esas mismas décadas lleva a que la experimentación se convierta en algo deseado socialmente: ¿Cuánta gente ha tenido experiencias sexuales desde entonces sólo por evitar que ser considerada “anticuada”? ¿Cuántas veces se ha ido contra el propio deseo para agradar, para cubrir las expectativas del grupo, de nuestras amistades, de una nueva pareja? Quizá nos hemos maltratado más de lo que hacía falta…


Asuntos sin resolver

Y así llegamos a los años 80 con un montón de asuntos sin resolver. Se seguía creyendo que en la vejez desaparece la actividad sexual. Se seguía creyendo que hay identidades, prácticas y sexualidades alternativas… porque hay una “normal”. Se seguía pensando en la masturbación como una experiencia sexual de segunda categoría. Se seguía considerando mejor tener “mucho de todo” (orgasmos, experiencias, tríos, orgías, etc.). Se seguía provocando unos problemas inmensos intentando encajar en los estrechos moldes de ser hombre o de ser mujer, sin más opciones. Se seguía pensado que una mujer que habla abiertamente de su deseo era algo extraño. Se seguía pensando en la obligatoriedad del orgasmo. Se seguía sin conocer bien, en detalle, los genitales propios y ajenos. ¿Cuántas de esas creencias siguen ahí desde los 80, desde hace casi 40 años?

Como si los asuntos no resueltos en nuestra sexualidad durante el siglo XX no fueran suficientes, en los 80 comienza el tsunami conservador en el que todavía seguimos. Se arrasa poco a poco con la educación sexual (la LOMCE ha conseguido eliminarla en un 100% en nuestro país), que ya se había limitado a “la charla del condón”, como si todo el alumnado fuera heterosexual, como si la sexualidad se redujese al “acto sexual normal” que había descrito Freud.

Desaparece la educación y lo único que queda en su lugar es el porno, algo tan fácil de criticar. El porno no ha hecho más que recoger lo que se habla en la calle desde mucho antes de que estuviese disponible 24 horas al día en internet: que todo el mundo folla durante horas, todos los días, con unos orgasmos inmensos. Ese —falso— listón que está colocado tan alto y al que nadie llega. Pero es que no queremos ser felices, queremos ser normales. Y se nos ofrece un único modelo.

Al mismo tiempo, el tsunami neoliberal y conservador nos ha hecho interiorizar la idea de que lo que nos pasa en nuestra vida es solo nuestra responsabilidad. Que si no conseguimos tener una vida sexual satisfactoria es algo que debemos solucionar, como si estuviese en nuestra mano tener más tiempo, tener menos trabajo, tener menos estrés, buscar nuestra propia educación sexual, resolver todas nuestras dudas… La idea de que todo el mundo tiene que ser perfecto al llegar a la cama y no importarle demasiado lo que suceda, que no haya demasiado drama, supone llegar a la cama con todas las prevenciones puestas… antes de elegir una pareja en la que depositamos todas nuestras expectativas.


¿El siglo de los amores?

Y así, década tras década, nos encontramos sin saber muy bien cómo resolver las complicaciones normales de todo el mundo… Seguimos creyendo que las complicaciones con las erecciones o para llegar al orgasmo de una manera concreta son extraordinariamente raras. Parece increíble que hayamos pasado por el “siglo del sexo” y que cientos de preguntas, a las que ya se les ha dado respuesta, se hayan mantenido igual de opacas un siglo más tarde, quizá gracias a una nula educación sexual y a la omnipresencia y peso simbólico de un único modelo de “sexualidad”.

Podría ilustrarse este proceso con el cambio que ha sufrido una tienda erótica de la calle Montera en Madrid: ha sustituido el nombre “sexshop” por “loveshop”. Habiéndose complicado todo “lo sexual” de semejante manera… ¿será el siglo XXI el siglo de los amores? Los amores frente al amor idealizado y reproductivo. Amores de muchos tipos, monógamos y no monógamos, con mil opciones abiertas a todas las identidades y prácticas, un afecto que no signifique necesariamente sentir atracción sexual, sin obligación de que haya que cumplir con una frecuencia de relaciones sexuales, sin que sea obligatorio tener un orgasmo.

Optar por el afecto quizá sea la respuesta a la insistencia durante un siglo en el que, al principio, se aseguró que una vida sexual activa —como si fuese una batería cargada— nos aseguraba la salud. Después se pasó a insistir en que nos haría felices si la practicábamos con una frecuencia “correcta”. Y se terminó diciendo que lo más deseable era tener todas las experiencias sexuales posibles. A la pregunta tantas veces repetida de si es posible el sexo sin amor, se ha terminado contestando que lo que también es posible es el amor sin sexo.

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Espero les haya gustado.
Saludos desde Argentina!

miércoles, 13 de julio de 2016

¿Qué tanto sabes acerca de la Asexualidad?

Artículo publicado en Fucsia.co
(No dice por quién, ni cuándo)

En una sociedad obsesionada con el sexo, pensar en que exisetn personas que no les interesa el tema es casi imposible. Aun así la realdiad es otra, y los asexuales representan el 1% de la población mundial. Conoce más de esta condición.



En la actualidad se ha vuelto cada vez más común el tema de la variedad de orientaciones sexuales: la heterosexualidad, bisexualidad, homosexualidad femenina y masculina, asexualidad, pansexuaidad; solo por mencionar algunas. Desafortunadamente la falta de información sobre un tema tan polémico y tan ajeno a nuestro condicionamiento cultural, ha dado pie para que estas tendencias se interpreten como desviaciones, enfermedades, rebeldías o simplemente formas de llamar la atención. Pero la realidad es otra, pues la sexualidad no es una elección, sino una condición. 

Para comenzar, es importante diferenciar entre identidad de género, expresión de género, sexo, y orientación sexual. Está comprobado que las falsas creencias se originan en el desconocimiento de las diferencias que existen entre estas tendencias.

La identidad de género está determinada por la “comodidad” con uno mismo. Es la manera como el cerebro nos clasifica automáticamente dentro de la categoría de hombre o de mujer, pero no está ligada necesariamente al sexo biológico. 
La identidad de género es la manifestación de la masculinidad o de la feminidad, basada en los roles tradicionales del género. Esto infiere en la forma de vestir, en el comportamiento, etc. 
El sexo biológico está determinado por las características físicas y biológicas que diferencian a los individuos a nivel sexual, incluyendo los órganos sexuales, hormonas y cromosomas (hembra- intersexual- macho). 

La orientación sexual por su parte, está ligada al tipo de persona por la que nos sentimos atraídos física, emocional y espiritualmente; de ésta manera, los heterosexuales se sienten atraídos por el sexo opuesto, los bisexuales por su mismo sexo y por el sexo opuesto, los homosexuales por su mismo sexo, los asexuales no sienten atracción por ningún sexo y los pansexuales sienten atracción por otras personas independientemente de su sexo o género.

Las personas asexuales no sienten atracción erótica hacia otras personas, tampoco hacia el placer sexual y no tienen relaciones sexuales. Según los estudios de Anthony Bogaert, profesor de Ciencias de la Salud Comunitaria y Psicología de la Universidad de Brock en Canadá, se calcula que el 1% de la población mundial es asexual. 

La asexualidad es la orientación sexual que más discriminación recibe, principalmente porque no es ni siquiera aceptada como algo real, sobretodo en una sociedad tan obsesionada con el sexo. En los últimos años han surgido comunidades de personas asexuales, quienes reciben apoyo y se identifican con los otros miembros de la misma comunidad que sienten lo mismo. La comunidad Aven (Asexuality Visibility and Education Network) por ejemplo, cuenta con más de 50 mil miembros. La comunidad Platonic Partners ayuda a las personas que quieren tener una pareja pero, pero que no quieren (o no pueden) tener sexo. 

Entre la comunidad de personas asexuales, a pesar de la falta de deseo y atracción sexual, existen diferencias principalmente asociadas a la ausencia de apetito sexual o atracción romántica. Algunas personas solo experimentan una de las dos, otras las dos y otras, ninguna. 



Los asexuales si pueden experimentar atracción romántica hacia uno o ambos géneros, lo que ocurre es que no tienen relaciones sexuales. Según su orientación romántica, algunos asexuales se definen como heterorománticos, homorománticos o birománticos, dependiendo del tipo de orientación afectiva. También existen otros asexuales arrománticos o no románticos que aparte de no sentir atracción sexual, tampoco tienen atracción romántica. Así mismo algunos asexuales pueden llegar a tener sensaciones sexuales sin llevarlas a cabo, mientras que otras se masturban para satisfacerlas.
Si sientes que te identificas con esta orientación, no tienes por qué sentir angustia, miedo o vergüenza. Simplemente puedes ser parte del grupo de personas asexuales que viven su vida como cualquier otro ser humano, con la diferencia que no hay atracción por las relaciones sexuales.

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